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Tres días en Bruselas

Cansados y con más de hora y media de retraso, la madrugada del pasado miércoles 5 de julio llegamos al aeropuerto de El Prat, después de tres días en Bruselas para conocer de primera mano el quartier européen y algunos de los órganos que componen la arquitectura institucional del sistema político de la UE. Tres días, también, para descubrir algunos de los muchos actores que participan en la creación de su agenda política y la implementación de las políticas públicas de la UE, y para hacernos una impresión in situ de ese particular ecosistema político y económico en el que se toman buena parte de las decisiones que nos afectan como ciudadanos de un Estado miembro. Tres días, por último, para atar cabos con todos los contenidos teóricos que habían sido vistos en clase unos pocos meses antes.

Poder escuchar el discurso oficial que distintas instituciones de la UE tienen sobre sí mismas y sobre el propio proceso de integración de las que son la cúspide, y a la vez hacer el esfuerzo de separar la ganga de la mena fue un ejercicio interesante y necesario. Igual que lo fue el conocer el proceso de consolidación de un proyecto spin-off surgido en una universidad pública en Wallonia; o el poder observar las actividades de una oenegé especializada en la protección de defensores de los derechos humanos, a la vez que comprobábamos –una vez más– la centralidad de la política comercial de la UE –por cierto, una de las pocas que los Estados miembros han aceptado transferir completamente a órganos supranacionales de la UE–.

El viaje y las visitas programadas se convirtieron en una fuente inagotable de reflexiones y contrastes; unos en voz alta, los otros en fuero interno. En el fondo, el viaje nos permitió darnos cuenta que las instituciones que conocimos son tan solo una de las muchas posibles alternativas que podrían haber emergido en el seno de la Unión Europea; y en consecuencia, que los actores de la sociedad civil que nos recibieron también podían haber sido otros. Es más, constatamos que el propio proyecto de integración europea no se agota en su forma actual; y lo que es más significativo, que probablemente urgen reformas de cierto calado.

Nos convencimos, no obstante, que los eventuales cambios no surgirán de la nada. Al contrario, si acaban demostrándose deseables y posibles, deberán fundamentarse en la profunda comprensión del sistema actual, de su estructura y de su dinámica. Y para ello, el conocimiento riguroso, el compromiso ético y la actitud crítica se revelan como los fulcros necesarios para ese proceso de cambio.

Estos tres elementos, conocimiento riguroso, compromiso ético y actitud crítica, en el fondo, son los que motivaron de alguna manera el viaje de estudios. Estos, y la íntima convicción sobre la importancia de salir y dejar, aunque solo sea por tres días, el ritmo del claustro universitario.

La idea era clara. Se trataba de un viaje de estudios, no de un peregrinaje. No se pretendía visitar los lugares “santos” del europeísmo, ni tampoco inducir una fe europeísta –de la que probablemente yo mismo carezco–. El objetivo era más prosaico. Se buscaba ensanchar miras y afilar los instrumentos para diseccionar y comprender la realidad económica y política que nos rodea. Se pretendía, al fin y al cabo, ampliar el catálogo de recursos analíticos de un grupo de alumnos de segundo curso del GNMI que ya habían superado una asignatura sobre Integración Europea, y que se encontraban en el ecuador de su grado.

Doers, Travellers, Thinkers son mucho más que eslóganes pintados en las paredes de nuestra escuela. Son exhortaciones dirigidas a señalar qué tipo de profesionales queremos formar y cómo pretendemos hacerlo. En el fondo y en la forma,  el viaje de estudios no ha sido tributario de una asignatura, sino del GNMI en su conjunto; y sobre todo de una propuesta formativa muy concreta que pone el acento sobre el alumno.

Tres días en Bruselas, en fin, que no hicieron sino redundar en aquello que nuestros alumnos han visto a diario estos dos últimos años y que les abre las puertas a los dos años que les quedan todavía por delante.

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